La magia del corazón
Mi nombre es Gustavo Llave, nací en Lima el 18 de Febrero de 1962. Vengo de una
familia de ingenieros.
Mi infancia se desarrolló en una amplia casa en Chacarilla del Estanque, en Surco.
Estudié en el colegio Humboldt.
Mi padre, un reconocido ingeniero civil formó a sus hijos con la idea de ser profesionales,
triunfadores y emprendedores como él.
Mis dos hermanos mayores optaron por la ingeniería civil y yo estudié arquitectura
en la Universidad Ricardo Palma. Una de mis hermanas tenía Síndrome de Down y por
ser ella y yo casi contemporáneos en edades, pasábamos juntos la mayor parte del
tiempo.
Jugábamos mucho y siempre trataba de trasmitirle todo lo que yo iba aprendiendo.
Sabía que debía tener mucha paciencia con mi hermanita y sobre todo mucho amor.
Sin quererlo, así también fui entrenándome para lo que sería un capítulo posterior
de mi vida.
Yo era un niño curioso, inquieto, pero maleable y noble, quería satisfacer la voluntad
de la gente que me rodeaba porque creía que ellos sabían qué era lo mejor para mí.
Algo que marcó mi vida para siempre fue la visita a mi casa de un tío abuelo que
era mago, y que hizo unos trucos de magia para deleite de los niños de la reunión.
Él sembró en mí la semilla de la magia, afición que llevé siempre conmigo y que
cuando podía iba perfeccionando, comprando libros y aprendiendo más y más. Mi empeño
y dedicación en mis estudios de arquitectura me llevaron a graduarme entre uno de
los primeros de mi promoción.
Quería enorgullecer a mi padre y a la gente de mi entorno.
Durante mi juventud, nuevamente mi voluntad moldeable hizo que cambiara el rumbo
de mi vida.
Una conocida institución de la Iglesia Católica, muy cercana a mi círculo familiar,
me convenció a formar parte de sus filas y desde muy joven entregué mi vida entera
a ella y a sus obras.
Dejé mi casa y me fui con estas personas que me embarcaron en la labor educativa
en sus grandes colegios de primer nivel.
Yo acepté con agrado la labor encomendada.
Me encantan los niños y es que mi corazón sigue siendo niño.
En las clases, me encantaba aplicar efectos de magia para que mis alumnos de primaria
entendieran mejor algunos conceptos teóricos de algunos cursos: por ejemplo, al
explicar la falta de gravedad en el espacio, hacía volar entre mis manos un pedazo
de papel...
Mis alumnos me llenaban de vida y hacer algo en bien de los pequeños es maravilloso!
Pasé 13 años de mi vida como profesor y me di cuenta que era tiempo de volver a
la arquitectura.
Sin alejarme de las filas de esta Institución Católica, dejé sus colegios para poder
hacer mi tesis de arquitectura y colegiarme, lo que logré hacer en el año 2,000.
Entiéndase que no era sacerdote, era un laico comprometido con Dios, sin poder tener
siquiera la posibilidad de enamorarme. Sin embargo, ya a mis 36 años, sentía que
me faltaba algo… el amor de una mujer.
La conocí a través del chat y cuando le conté que sabía hacer magia creció su interés.
Le hice unos cuantos trucos y la fleché.
Ella me hizo ver cuán linda es la vida cuando haces lo que te gusta hacer. Me di
cuenta que tenía que seguir mi corazón y después de 25 años de vivir con esta institución
religiosa , descubrí que podía darme a Dios de otra manera y ser también yo feliz
haciendo feliz a los demás, sobre todo a los niños.
Al salir de allí, me casé y formé una maravillosa familia. Mirando para adelante,
seguí una vez más a mi corazón y con el apoyo de mi esposa me embarqué en la aventura
de ofrecer mis servicios como mago infantil. Han pasado ya diez años desde mi primer
show de magia pagado y me ha ido tan bien que, desde entonces soy Mago Infantil
de profesión y de corazón.
Mi nombre artístico es Tabhini.
Siempre estoy rodeado de niños y me encanta! Hago lo que me apasiona: Magia! Las
personas notan que me gusta lo que hago y tengo éxito haciéndolo, porque cuando
haces lo que te gusta, se nota, lo disfrutas.
Soy feliz porque vivo haciendo feliz a muchos niños y dando “ejemplo de que en la
sonrisa de las personas está la esencia de la vida”.
Y sí, señores de Interbank, su lema es muy cierto y aplicable a mi historia de vida.
Tal vez con la arquitectura hubiera podido tener mucha fortuna, pero no hubiera
tenido tiempo de gozar de mi familia ni de seguir con mi gran afición.
Dedicándome a mis shows de magia vivo bien, tengo todas las comodidades que una
persona nacido en mi nivel socio económico puede anhelar y sobre todo tengo el tiempo
que quiero para dedicarme a lo que quiero y amo realmente.